Te extraño, aún lo hago. Pero supongo que al final fue mejor encontrarnos solo para rompernos el corazón. Si no lo hubiéramos intentado, nunca hubiéramos conocido la historia. Hubiera pasado mis noches despierta soñando en como hubiera sido si hubiera sido lo suficientemente valiente como para confesarte mis sentimientos. Y lo hice. Lo hice con mis brazos abiertos y mis ojos tan cerrados que podía jurar que veía las estrellas. Era aterrador y nuevo, pero me mantenías con los pies en la tierra. Fue bonito mientras duró y nunca tuve la impresión de que no me trataras bien, más bien tal vez eramos muy diferentes y simplemente no eramos buenos el uno para el otro. Y mientras yo buscaba a alguien que me diera paz, tu buscabas tu siguiente aventura. Que mientras encajábamos tan perfectamente, mi mano en la tuya, yo entre tus brazos, lo que esperábamos de la vida simplemente no. Fue muy triste, pero necesitaba que te fueras de mi vida para por fin darme cuenta de lo que valgo. Por primera vez, no pensé que no era suficiente o que era demasiado. No me daba miedo que lo que dijera estuviera mal o te hiciera enojar. Terminamos discretamente, sin hacer tanto ruido y sin rompernos más de lo que ya no habíamos roto. Entendí que no funcionábamos en las cosas que importaban. Y de alguna forma, fue bueno que no lo hiciéramos. Porque durante semanas que parecieron un puñado de momentos, encajamos como dos piezas de un todo.
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